Politica: Cuba ante un mundo cambiante(III)

En: Opinión

17 Ene 2010

El trabajo que presentamos hoy es un interesante análisis de la realidad cubana. En el obtendremos una visión clara, real y de gran objetividad sobre el proceso transitivo que lleva a cabo el actual régimen cubano. Estos cambios que apenas han producido el bienestar deseado por nuestra población, solo han contribuido al mantenimiento de la dictadura y a la vez ha prolongado mas el sufrimiento de nuestro pueblo.



Política: Cuba ante un mundo cambiante(III)
Cómo se inserta Cuba en el nuevo mapa geopolítico, especialmente tras el ascenso de Barack Obama a la presidencia norteamericana y la reconfiguración de América Latina.
Eusebio Mujal León, Washington | 14/12/2009

El trabajo que presentamos  hoy  es  un  interesante análisis de la realidad cubana. En el obtendremos una visión  clara, real y de gran objetividad sobre el proceso transitivo que lleva  a  cabo  el  actual  régimen cubano. Estos  cambios  que apenas  han  producido el bienestar  deseado  por  nuestra  población, solo han contribuido al mantenimiento de la dictadura y a la vez ha prolongado mas el sufrimiento de nuestro pueblo.

Pero mejor leámoslo y luego harán ustedes sus propias reflexiones:

Mientras se reduce sensiblemente el aislamiento cubano, el gobierno y el régimen de la Isla son incapaces de resolver la profunda y permanente crisis económica. Una crisis sistémica, ya que ni créditos ni inversiones extranjeras han logrado resolver la atrofia productiva. Hay quienes piensan que, de confirmarse, la presencia de grandes yacimientos petroleros cerca de las costas cubanas resolvería de manera definitiva la permanente vulnerabilidad económica del país. Es posible, pero dudoso, y ahí tenemos la experiencia de muchas otras petroeconomías. El economista Pedro Monreal ha comentado que es necesaria “una vasta y profunda reestructuración que ponga ‘patas arriba’ el estado de cosas existente” (14), pero no existen evidencias de que Raúl Castro tenga la intención de emprender una tarea de tal envergadura. El segundo desafío que enfrentan los gobernantes en la Isla es político. Se ha producido una sucesión exitosa, pero, quiérase o no, se está aproximando el final del castrismo. Es un proceso largo y tortuoso, pero no hay duda de que cuando ambos hermanos (y la generación de la Sierra) hayan desaparecido del escenario, difícilmente se mantendrá la situación actual y el estilo castrista de llevar la política como una “guerra por otros medios”. Surgirá entonces un nuevo equilibrio entre los sectores en el poder y entre las FAR y el Partido Comunista, se harán patentes discrepancias sobre las políticas a seguir y puede que, incluso, la política se “normalice”. La integración de Cuba en América Latina y una postura norteamericana menos hostil podrían alentar estas tendencias.
No sabemos con exactitud cuál será el ritmo y el eventual alcance de los cambios en Cuba, pero sí que se están incubando. ¿Qué papel desempeñarán los actores externos y, en particular, EE. UU., en este proceso?
Algo más de cien años después de su independencia formal y 50 años después de la Revolución que se propuso romper con el pasado, la nación cubana no ha sabido cómo implementar un modelo de desarrollo integral que asegure el consenso nacional, en el contexto de una sociedad inclusiva, con mecanismos que generen riqueza económica y otros que aseguren su distribución equitativa, al mismo tiempo que se respeten los derechos y las libertades personales. Ninguno de los regímenes políticos que Cuba ha conocido en su historia ha sabido establecer los equilibrios que permitan la realización de este sueño. La verdadera construcción de un país, de una comunidad nacional integradora y no excluyente, sigue siendo la gran asignatura pendiente de Cuba. En esa empresa los actores externos tienen un papel más bien limitado. Su tarea, por así decirlo, es facilitar que Cuba sea Cuba, que sean los cubanos los arquitectos de su propio futuro. En ese sentido, el futuro y la dirección de los cambios está y debería estar fundamentalmente en manos de los cubanos que viven y han vivido en la Isla. Son ellos los que han vivido con particular intensidad los últimos 50 años de historia nacional. Son ellos los que saben lo que funciona y lo que no funciona en la Cuba de hoy, qué se debería mantener y qué se debería cambiar. Ellos son los que tendrán que soportar, para bien y para mal, las consecuencias de las decisiones tomadas y de los cambios producidos. De la misma manera, será su participación y adhesión a cualquier proceso de cambio lo que le dará legitimidad y sustento a éste.
La aparente inmovilidad e inmutabilidad tanto del régimen cubano como de la política norteamericana hacia la Isla contrastan con los vientos de cambio que atraviesan el mundo. Entre estos vientos está la llegada de la Administración de Barack Obama al poder y el impulso dado por el nuevo presidente para revisar la política hacia Cuba. Aun cuando la importancia del tema cubano no puede compararse con los grandes desafíos que su gobierno enfrenta en distintas partes del mundo, las decisiones de Obama respecto a Cuba nos darán una buena idea de cuáles son sus prioridades. Por ejemplo, su política hacia Cuba nos dirá si la “promoción de la democracia” sigue siendo un aspecto importante de la política exterior norteamericana. Éste es un debate que se está dando en la capital norteamericana. Para algunos, no es más que una nueva edición de la eterna disputa entre “realistas” e “idealistas” dentro de la elite norteamericana, entre las visiones de un Henry Kissinger y las de un Woodrow Wilson. Efectivamente, algo de eso hay. Pero también está claro que, en estos momentos de crisis y transformación internacional, hay un elemento novedoso: las elites y la sociedad norteamericana están debatiendo cómo adaptarse a un mundo crecientemente multipolar y cómo defender mejor sus ideas y valores en un mundo donde el poder norteamericano ha disminuido y el número de autocracias consolidadas y con significativo peso internacional ha aumentado (15). El modo en que la Administración de Obama responda al tema cubano también nos dará una idea de cómo pretende ejercer EE. UU. su liderazgo en el hemisferio. Asimismo, aunque Cuba no tenga la misma importancia que hace dos o tres décadas, lo que ocurra en la Isla, tanto el tipo de gobierno que surja en el poscastrismo como el papel que juegue EE. UU. en esa evolución, repercutirá a nivel continental. Algo parecido ocurre con el tema de la democracia. Al tratar el tema cubano, muchos países latinoamericanos han olvidado la Declaración de Santiago (1991), con su imperativo de “promover la democracia representativa como condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región”, o la Carta Democrática Interamericana (2001), que en su Artículo 1 insiste en que “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia, y sus gobiernos, la obligación de promoverla y defenderla”. Esto no quiere decir que la democracia se haya convertido en un asunto menor. El tema es cómo promover e impulsar mejor su realización.
Durante su campaña presidencial, Barack Obama prometió levantar las restricciones a los viajes de familiares y las remesas impuestas por la administración de Bush. Poco después de su elección, dijo que levantaría el embargo si el régimen cubano “comenzaba una apertura de Cuba hacia cambios democráticos significativos” (16), y días antes de asumir el poder, dijo que estaba “abierto” a “conversaciones” con Cuba si La Habana también estuviera “dispuesta a desarrollar seriamente las libertades personales” (17). En lo que claramente fue un intento de sentar posición ante el posible inicio de conversaciones con el gobierno cubano, la futura secretaria de Estado, Hillary Clinton, fue más explícita. En unas declaraciones que merecen ser citadas en su totalidad, dijo: “Nuestra política se enfoca principalmente hacia la libertad del pueblo cubano y llevar la democracia a la isla de Cuba (…) Esperamos que el régimen en Cuba, tanto Fidel como Raúl Castro, vean a esta Administración como una oportunidad de variar algunas de sus típicas actitudes. Suelten a esos presos políticos. Estén dispuestos a abrir la economía y a levantar algunas de las restricciones opresivas sobre el pueblo de Cuba. Y pienso que [así] verían que existe una oportunidad que podría ser explotada” (18).
No sabemos cómo estas palabras —que combinan una reiteración de principios pero que no reclaman un cambio de régimen e incluyen una clara oferta de negociación— han sido interpretadas y recibidas por las autoridades cubanas, pero es de suponer que los dos gobiernos han estado en contacto, directamente o a través de discretos terceros, como los gobiernos de Brasil, España, o el mismo Vaticano. Han aparecido algunas evaluaciones: “Ha levantado esperanzas excesivas… [pero] es un hombre honesto… [no obstante] un hombre sincero no puede cambiar los destinos de un país”, dijo Raúl Castro acerca de Obama y ofreció reunirse con él (19). Fidel Castro también ha ofrecido sus apreciaciones, alternando entre el sarcasmo y la conciliación (20). Cabrían dos observaciones. Primero, que las autoridades cubanas reconocen en Barack Obama un contrincante complicado, quizás el más difícil de los presidentes norteamericanos con los cuales les ha tocado interactuar. En primer lugar, está su credibilidad personal y su historial de vida. Es una cara fresca que hizo del cambio su mantra político. Esto resuena (quizás no en los noticieros oficiales, pero sí por vía de “radio bemba”) ante una sociedad que ha vivido asfixiada por la revolución permanente, pero donde nunca cambia nada y los mismos de siempre están en el poder. También resuena que Obama no es hijo de papá, del privilegio, y que el tener un padre africano no le impidió llegar a la Casa Blanca. Tampoco pasará inadvertido entre muchos cubanos el hecho de que en su país los principales líderes son blancos, cuando la gran mayoría de la población es negra o mulata. Obama también es peligroso porque representa un cambio de actitud por parte de EE. UU. No abandona los principios, pero sí propone diálogo. “Estamos dispuestos a tender la mano si ustedes abren el puño”, dijo cuando tomó posesión (21), lo cual es una postura que le mueve el piso a los que prefieren ver sus posiciones reforzadas por la confrontación.
Estamos todavía al inicio de la presidencia de Barack Obama. Sin duda, el presidente y sus principales asesores entienden que el tema cubano, además de ser complicado y contener aspectos tanto de política exterior como de política interna, es altamente combustible; tanto, que no ha habido presidente estadounidense desde 1959 que no se haya quemado con el problema. A esta andadura histórica hay que sumarle la cautela que parece ser característica del nuevo presidente. Refiriéndose a las reformas económicas, pero en un comentario fácilmente extendible a la situación del régimen, el jefe de la inteligencia norteamericana, almirante Dennis Blair, expresó el punto de partida de la nueva Administración: “Con casi total seguridad, Raúl Castro continuará avanzando cautelosamente (…) con el propósito de mantener el consenso dentro de la elite y de prevenir que las expectativas públicas se eleven más allá de lo que él quiere o puede entregar”.
En las circunstancias actuales y tomando en cuenta que los veteranos de la Sierra todavía mandan, está bastante claro que el régimen cubano no tiene el menor interés en avanzar por el sendero de la democracia. Tampoco está interesado en un pleno levantamiento del embargo, ya que esa opción posiblemente tendría elevados costes. No es casual que Fidel Castro siempre se haya opuesto y, al final, siempre haya frustrado los intentos de normalizar las relaciones y de levantar el embargo. Dada su capacidad de control, la flaqueza de una disidencia que no llega a ser oposición, el apoyo activo de una parte de la población, y el miedo de otra parte al cambio, el poder político del régimen está intacto. Pero, a la vez, enfrenta dos crisis de gran envergadura: la económica y la social, relacionada con la emigración. Raúl Castro reconoce la magnitud de la crisis económica, aunque no está dispuesto a ir muy lejos en levantar la mano muerta del Estado y ve menos riesgos en revitalizar la economía atrayendo capital, inversiones y créditos extranjeros. De ahí la enorme importancia que tiene para el gobierno cubano negociar un acuerdo con EE. UU. que levante las restricciones a los llamados créditos blandos y absuelva a Cuba de pagar al contado por todo lo que compra en EE. UU. La otra gran vulnerabilidad del régimen cubano se refiere a la emigración. En 1980, con el éxodo del Mariel, y en 1994, con el maleconazo en La Habana, el régimen sufrió profundas crisis, y de ahí los esfuerzos del gobierno cubano por convencer al Pentágono y otros sectores del gobierno norteamericano de que la inmigración descontrolada es un peligro para ambos países. Este argumento no es enteramente falso, pero una cosa es el impacto que una crisis migratoria tendría para EE. UU., y otra, su posible impacto para Cuba y su régimen. Más allá de la centralidad de los temas económicos y migratorios, el otro interés del régimen cubano en cualquier negociación con EE. UU. es buscar una mayor legitimidad internacional, ser reconocido como par por el gobierno norteamericano o lograr que éste lo elimine de la lista de Estados que apoyan el terrorismo. Y su único logro propagandístico sería que el gobierno norteamericano estuviera dispuesto a intercambiar presos políticos por los espías juzgados y condenados en Miami en junio de 2001. Es muy dudoso que esto ocurra y, en todo caso, hay otros presos condenados en Cuba por espionaje que podrían ser canjeados.
Visto desde el punto de vista norteamericano, la postura negociadora constaría de varios elementos. El primero, estaría relacionado con el espacio de las libertades políticas. Tomando en cuenta las declaraciones del presidente Obama y de la secretaria de Estado Hillary Clinton citadas anteriormente, podemos suponer que el establecimiento de la democracia en la Isla sería un objetivo último. En términos más concretos, el gobierno norteamericano seguramente planteará que el gobierno cubano debe suspender su política de utilizar turbas controladas por el Ministerio del Interior para atropellar disidentes y activistas de derechos humanos, liberar a los disidentes arrestados y encarcelados sin causa alguna en marzo de 2003, así como a las más de 200 personas identificadas por Amnistía Internacional como prisioneros de conciencia, y eliminar las restricciones que impidieron que Oswaldo Payá viajara al exterior para celebrar el XX Aniversario del Premio Sajarov, que las Damas de Blanco viajaran a Estrasburgo, o que Yoani Sánchez fuera a Madrid para recoger el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Respecto a estos temas, la posible visita en 2009 del relator de las Naciones Unidas para la Tortura, Manfred Nowak, también dará un buen indicio de si han mejorado las condiciones de los presos en las cárceles cubanas. Por su parte, el gobierno de Obama estará revisando los patrones de su política de apoyo a la disidencia y a la incipiente sociedad civil cubana. La solidaridad es una obligación, particularmente de los que tenemos el lujo de vivir en sociedades libres, pero también debería analizarse cuidadosamente cuáles son los medios más eficaces para ejercer este derecho y fortalecer a la sociedad civil. En un segundo orden estarían las propuestas para facilitar los intercambios y la comunicación entre las dos sociedades, incluyendo la promoción de intercambios académicos, la ampliación del espacio informativo y del acceso a la Internet. Es muy probable que bajo este último concepto la Administración norteamericana ponga sobre la mesa una oferta de otorgar licencias a empresas de telecomunicaciones norteamericanas para proveer de banda ancha a Cuba, aunque esto, evidentemente, no resolvería el problema de los controles y la censura que el gobierno cubano lleva ya tiempo aplicando sobre la Internet. El tercer rubro sería el económico, y aquí la negociación se centraría en cuáles serían las contrapartidas de levantar las restricciones a los viajes turísticos, el tema de los créditos blandos y la ampliación del comercio con la Isla.
En resumidas cuentas, si ha sido bastante fácil levantar las restricciones a las remesas y los viajes, bastante más complicado será el levantamiento del embargo. No sólo porque la Ley Helms-Burton que lo sustenta deberá ser derogada por el Congreso norteamericano, sino porque suavizar y, eventualmente, levantarlo, dependerá de que La Habana responda con gestos positivos. Puede que Raúl Castro esté a altura de la situación y que los dos gobiernos sean capaces de aprovechar la oportunidad para cambiar el tenor de las relaciones entre ambos países. Pero, teniendo en cuenta los desafíos que enfrenta el gobierno cubano y lo cómodo que le resulta el embargo, La Habana puede resultar un socio bastante más recalcitrante de lo que se supone.

FIN

1 Comentario para Politica: Cuba ante un mundo cambiante(III)

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elpidio valdes

enero 19th, 2010 at 1:40 am

Para el senor Pedro Pablo Alvarez, escribir con un supuesto punto de vista «Objetivo» le es facil y sobre todo en sus analisis superficiales y aislados de los problemas que confronta la Isla para su supervivencia. Por otro lado este senor que no se donde vive, ni como vive, se abstrae de un hecho fundamental a la hora de hablar del diferendo cubano-norteamericano y es el concepto que el emplea para calificar el Bloqueo.
Embargo es una decision de un gobierno de no negociar en ningun campo con otros pais, pero cuando ese embargo se transfiere y aplica a traves de terceros paises, la denominacion es Bloqueo y su aplicacion es solo aceptable cuando los paises estan en guerra, por tanto quien esta infringiendo las leyes de su pais y las internacionales es el Gobierno de los Estados Unidos, pues no hay una guerra declarada entre Cuba y Estados Unidos y aplica su poder militar y economico para obligar a sus aliados a aplicar el bloqueo contra la Isla.
Partiendo de lo dicho anteriormente, todo el analisis del senor Pablo, se desmorona como un castillo de naipes, pues las afectaciones contantes y sonantes estan disponibles en la Internet, en la ONU y en cuanto foro se ha informado de lo que ha afectado y6 afecta el bloqueo a la Isla.
Por ultimo, creo que el senor Pedro Pablo, no conoce al pueblo de Cuba y por tanto desconoce que nunca jamas habra gestos por parte de Cuba para que el gobierno de los Estados Unidos se siente a conversar de igual a igual con la Isla. Los principios, la dignidad y la soberania de un pais no se negocian ni se mendigan.
Por favor senor Pedro Pablo, cambie el tema si no puede hablar con objetividad y honestidad.
Que Oluubdumare y Obatala siempre me acompanen y que la paz y el dialogo constructivo y de igual a igual prime sobre la prepotencia y la fuerza de cualquier tiempo

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Acerca de este Blog

Pedro Pablo Álvarez Ramos es ex-preso de conciencia de la Primavera Negra de 2003, secretario general del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) y miembro del grupo gestor "Proyecto Varela".

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