¿Es posible una revolución al estilo egipcio en Cuba?

En: Derechos Humanos

16 Feb 2011

Pero los que apuestan a que Cuba se contagie de las sublevaciones árabes, afirman que los tiempos difíciles que vienen para la isla –con medio millón de desempleados en las calles, precios altos de los alimentos y más escasez– son más fuertes y serán el combustible para un levantamiento a corto plazo.



¿Es posible una revolución al estilo egipcio en Cuba?

Escenario imaginario en Cuba(Plaza Civica)

Por Gerardo Reyes. greyes@elnuevoherald.com. Febrero 15 de 2011

Imágenes de la Plaza de la Revolución en La Habana colmada de jóvenes enfurecidos lanzando piedras contra la fachada del Ministerio del Interior y otros que izan carteles exigiendo la salida de los hermanos Castro del poder.

Murallas humanas impiden el paso de los tanques del ejército mientras los militares siguen la insurreción desde los balcones con los brazos cruzados porque sus jefes han dado la orden de no atacar a la multitud.

¿Será posible este sedicioso escenario egipcio en Cuba?

Esa es la pregunta que muchos exiliados y cubanos de la isla se están haciendo desde que triunfó la revolución en El Cairo la semana pasada.

Y como suele ocurrir en estos casos las respuestas están llenas tanto de análisis racionales como corazonadas que coinciden solo en una incertidumbre: que con los pueblos nunca se sabe.

Sobre todo con los pueblos desesperados, dijo a El Nuevo Herald, desde Cuba, el disidente Héctor Palacios.

«Para los gobernantes cubanos el problema de Egipto es muy complicado porque la situación de Cuba es más complicada que la que tenía Egipto. Es un pueblo con hambre, sin derecho al trabajo, y un pueblo que no tiene ni una gota chiquitica de esperanza de que la gente del gobierno pueda resolver los problemas de la nación», señaló Palacios.

Los pronósticos de Cuba a la luz de los levantamientos sociales en los países árabes tienen todos los matices, desde quienes como Palacios aseguran que las condiciones están dadas, hasta los escépticos que afirman que no se pueden transpolar a un país los factores que transformaron a otro.

Estos últimos señalan que hay que recordar que Cuba no es un país continental, sino una isla mucho menos expuesta que Egipto al mundo exterior, con un eficiente estado policíaco capaz de reprimir cualquier brote de inconformidad a nivel de ciudad, barrio y hasta cuadra, y bloquear con facilidad el ingreso de periodistas extranjeros.

Pero los que apuestan a que Cuba se contagie de las sublevaciones árabes, afirman que los tiempos difíciles que vienen para la isla –con medio millón de desempleados en las calles, precios altos de los alimentos y más escasez– son más fuertes y serán el combustible para un levantamiento a corto plazo.

El momento en el que podría ocurrir es el punto más crítico de la discusión.

Ariel Hidalgo, escritor cubano en Miami, sostuvo que por ahora no lo ve factible, aunque es posible que se den protestas locales

‘Hay mucho optimismo», agregó Hidalgo. Al hacer la lista de los factores que se dieron en El Cairo y que no funcionarían en La Habana, Hidalgo mencionó en primer lugar las comunicaciones.

«En Cuba no existen los medios masivos de comunicación como los tienen los países árabes, el acceso a internet es limitado y los sistemas de Facebook y Twitter existen, pero no a un grado que pudiera contribuir a que se produzcan cosas», dijo Hidalgo a El Nuevo Herald.

Desde Cuba, Félix Bonne, profesor cubano disidente, replicó que cuando se dieron las protestas masivas en La Habana, como el Maleconazo de 1994, no había internet ni redes sociales.

«Hubo piedra, policías que se quitaron el uniforme. ¿Quién les avisó a las personas? No había internet» afirmó Bonne. Según él, ‘hay un ambiente mucho más propicio para un estallido social […]. Uno ve al pueblo cubano aparentemente en calma, pero cualquier cosa puede ocasionar un estallido», agregó.

Hidalgo considera que las protestas sociales a las que se refiere Bonne son aisladas y no se propagan.

«De lo que ocurre en un barrio de La Habana nadie se entera en el otro, hay poca comunicación entre diferentes zonas de la misma ciudad», comentó Hildago.

Philips Peters, analista del Instituto Lexington de Washington, sostuvo que Cuba «tiene su propia dinámica», que ya demostró con el derrumbe del bloque soviético y que existen algunos factores que desalientan la posibilidad de una sublevación social.

Entre ellos la mentalidad de muchos cubanos de que la forma de solucionar sus problemas es mudarse a Estados Unidos, explicó.

«Siempre he pensado que la posibilidad de irse es un factor en contra de ese rollo de movimientos políticos contestatarios», opinó Peters.

Para el analista hay un detalle muy importante que se debe tener en cuenta al evaluar el impacto que podrían tener las revoluciones árabes en la isla: que el gobierno cubano no hubiese censurado la información que salía de El Cairo y que el propio Fidel Castro hubiese elogiado el movimiento rebelde.

«No percibo que el gobierno tenga miedo de esto ahora. Para mi es interesante notar que el gobierno cubano le ha dado cobertura sin pelos en la lengua», señaló Peters.

Palacios confirmó a El Nuevo Herald que la cobertura de los acontecimientos en Egipto ha sido comparativamente generosa, pero indicó que esto ha sido posible porque se le ha dado una orientación antinorteamericana.

La caída del dictador Hosni Mubarak, explicó, es analizada por los medios oficiales como un triunfo de un pueblo rebelde sobre un gobernante que era un títere del imperialismo yanqui.

«Aquí la gente lee el periódico y ve la televisión al revés; es decir, si el gobierno dice que es bueno, es porque es malo», señaló Palacios.

Peters sostuvo que hoy nadie tiene la bola de cristal que defina el futuro de los movimientos sociales en Cuba.

«Ningún experto en asuntos de Medio Oriente contestó este tipo de preguntas con exactitud antes de esos cambios en Túnez y en Egipto, y mire lo que ocurrió», señaló Peters.

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Acerca de este Blog

Pedro Pablo Álvarez Ramos es ex-preso de conciencia de la Primavera Negra de 2003, secretario general del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) y miembro del grupo gestor "Proyecto Varela".

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