Goliat contra David, en Cuba y Cubanos en el extranjeros: esa fobia de sentirnos perseguidos

En: Opinión

30 Abr 2010

Donde sí están claros estos papeles es en el plano interno: Castro y su gobierno son el gigante poderoso y abusador, el Goliat que arremete inclemente contra David, nuestro pueblo. Disfrazado de revolucionario, con el pretexto de la amenaza imperial, oculto tras el telón de hierro comunista y utilizando la demagogia, fue Goliat echándonos a unos contra otros, hasta lograr el control de todos y sumirnos en el terror. Todo el que no se pliegue incondicionalmente a sus intereses es su enemigo, traidor a la patria, mercenario, lacayo del imperio.



Goliat contra David, en Cuba

Francisco Chaviano González

fidel-castro-y-raul2LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) – Alguien dijo que si Estados Unidos no hubiera existido, Fidel Castro lo hubiera creado. El gigante patriarca de las guerrillas necesitaba un Goliat a toda costa, aunque fuera apócrifo, para ponerse el disfraz de David e hipnotizar al mundo. La ruptura con el vecino del norte estaba planificada de antemano, de ahí que su primer viaje a Norteamérica tuviera objetivos de propaganda política, en lugar de la concertación de acuerdos bilaterales.

Si observamos los hechos de los primeros años del castrismo, queda clara la premeditación provocadora para romper con el vecino. Además, varios gobiernos norteamericanos han intentado facilitar la reconciliación entre ambas naciones, pero encontraron oídos sordos y acciones desalentadoras, como le ocurrió en 1970 a Nixon, en 1980 a Carter (aunque este logró establecer una oficina de intereses), en 1996 a Clinton y ahora le está ocurriendo al Presidente Obama. Queda claro que el embargo o bloqueo a Cuba fue promovido y sostenido por los Castro.

Desde el desembarco, en Bahía de Cochinos, de una brigada de exiliados cubanos que, financiados por Estados Unidos, vinieron a recuperar lo que se les había quitado a la fuerza y a devolver la Patria al cauce de la democracia, el dilema interno de los cubanos y el conflicto entre los dos países están tan ligados que tiende a confundirse. Sin embargo, el hecho de que la política norteamericana pase por Florida, hace evidente que la cuestión interna de los cubanos tiene mucho más peso que la externa, aunque el sátrapa cubano lo trastoque a su conveniencia.

Los norteamericanos, en su colaboración, siempre se han quedado a medias, y esas indecisiones nos han costado a todos. Dos años después de Bahía de Cochinos el comunismo se había consolidado en Cuba y los misiles atómicos rusos apuntaban a la Casa Blanca. Si a eso se suma la instigación de Fidel para dar el primer golpe nuclear, el hecho de que su gobierno estaba exportando las guerrillas terroristas desde el mismo 1959 y todo lo que siguió, vemos que se confunden David y  Goliat, al punto de no estar muy claro quién es quién.

Donde sí están claros estos papeles es en el plano interno: Castro y su gobierno son el gigante poderoso y abusador, el Goliat que arremete inclemente contra David, nuestro pueblo. Disfrazado de revolucionario, con el pretexto de la amenaza imperial, oculto tras el telón de hierro comunista y utilizando la demagogia, fue Goliat echándonos a unos contra otros, hasta lograr el control de todos y sumirnos en el terror. Todo el que no se pliegue incondicionalmente a sus intereses es su enemigo, traidor a la patria, mercenario, lacayo del imperio.

Miles de fusilados, decenas de miles de presos políticos que han padecido en las peores mazmorras de América, millones de cubanos despojados de sus bienes, una de las naciones más feraces del continente convertida en una de las más pobres, son los argumentos de este pueblo, privado de sus derechos civiles y políticos. Sobran las razones para reclamar un cambio radical en Cuba, con independencia de que esto sea beneficioso o no para países extranjeros.

Es imperdonable que algunos representantes de nuestras iglesias, que sufrieron acciones similares a las que ahora viven las Damas de Blanco, se plieguen a sus intereses y besen los pies del tirano a cambio de alguna migaja. Es penoso que el chantaje de nuestros talibanes haga que algunos países pretendan no escuchar, ni ver, para evitarse problemas. ¿Por qué Naciones Unidas no cambia el reclamo de levantar el embargo contra Cuba, por un más serio y justo, que llame a ambas partes a dialogar?

¡Basta ya de ignorar nuestro grito de dolor, llamándolo “campañas de descrédito” de los poderosos! ¡Quien tenga honestidad, debe oír el clamor de los valientes que se atreven a desafiar al Goliat cubano y difundir la noticia al mundo entero! Esta lucha que hoy libramos es una de las más pacíficas de la historia moderna y nuestra honda para enfrentarnos a Goliat es la defensa de los Derechos Humanos.

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CUBANOS EN EL EXTRANJERO: ESA FOBIA DE SENTIRNOS

PERSEGUIDOS

Por Guillermo Morales Catá

“El ojo por ojo dejará ciego al mundo”
Mahatma Gandhi
Hace apenas unos días, recibí un email de un lector en el que me decía que
para que fuésemos “amigos” tendría yo que “ir con la verdad” y aclararle ciertos
temas que aún no me había comentado “por respeto y algo de desconfianza
hacia tu persona”. Ya me veía yo venir el contenido de las próximas líneas y así
fue: “¿eres seguroso?”.
El término “seguroso” ha sido inventado en Cuba para llamar a quienes
trabajan para la Seguridad del Estado voluntaria o profesionalmente, dentro o
fuera de la Isla. Una especie de “espía” contra el prójimo; algo así como alguien
que delata a otro por tener una ideología diferente a la política oficial del
régimen castrista.
La verdadera y única historia se remonta a raíz de un artículo que había escrito
en un portal digital. El lector –que por respeto a su intimidad no revelaré su
nombre- me escribió un extenso email comentándome la grata sorpresa que
experimentó al encontrar mis textos en esta web porque “me gustaba mucho lo
que hacías en la televisión en Cuba y ahora te encuentro aquí”.
Por cortesía, como siempre hago, le respondí y comenzó un interesante
intercambio de emails casi a diario. Pero claro, todo es como enamorarse de
una corbata que después de verla, tocarla y convencernos que nos gusta
preguntamos “Y…¿cuánto cuesta?”
En alusión a mi artículo “CUBA: LA PASARELA DE MINISTROS Y
CANCILLERES… DE POCOS QUILATES” me escribe: “(…) este artículo sí que
está fuerte, no puedo quedarme con él sin pasárselo a varios amigos míos que
al igual que tú y yo estamos fuera de Cuba en espera que en nuestro caimán
halla un cambio ya sea para bien o para mal”.
“Un gran amigo que tengo en Miami, que trabajó contigo Radio Cadena
Habana, cuando le escribí sobre nuestra recién empezada amistad me escribió
y me pidió que tuviera cuidado con lo que te escribo, no vaya ser que tú seas
“seguroso” porque el eras el niño mimado de Raúl Castro”.
Confieso que reí y lloré. No sé si sentí rabia o pena. Y no por la injuria personal
–que lo es- sino más bien porque después de más de diez años fuera de Cuba
ya había olvidado casi esa expresión. Y pensaba que se trataba de un debate
superado, al menos, fuera de Cuba.
No superar el debate sobre si quienes decidimos abandonar Cuba somos
agentes de la Seguridad del Estado cubano sería algo así como discutir en la
Europa civilizada del siglo XXI si la homosexualidad es una enfermedad o no.
Es cierto, sobre todo cuando recién abandonamos Cuba, que todos somos
víctimas de ese temor irracional e intenso, de carácter enfermizo, hacia una
persona, cosa o una situación que pone al individuo que lo padece en un
estado patológico de angustia. Es una fobia, un miedo indescriptible de sentir
que nos persiguen, que nos vigilan. Y es lógico, vivir en un país bajo esa fobia
constante no cambia en cuestión de meses.
Y no pongo en duda de que los hay, los hay. Pero no podemos vivir con esas
fobias. No, porque nos empequeñece y nos aleja de cuestiones más
importantes como utilizar cada tribuna, cada sitio, cada espacio, para denunciar
la verdadera realidad cubana e incluso, para mirar de cara al futuro.
Confieso también que este email me asustó. Pensaba en el futuro, en ese
momento en que se produzca una transición en la Cuba de todos. ¿Acaso ese
será el futuro que nos espera? ¿Se merece el futuro una carga de rencores?
“Bueno, espero que no te molestes por mi sinceridad”, concluyó el mail del
amigo lector. Y al terminar la lectura sentí un vacío enorme dentro, como un
hueco dentro, pero muy dentro…
Y pensaba en los tiempos de La Habana, en aquellos tiempos en que temía y
me sentía perseguido por un “seguroso” cuando me encontraba a escondidas
con algún de la oposición cubana. Y me vino también a la cabeza la oficial
“Adriana” que se aparecía todos los miércoles en la Facultad de Periodismo
para preguntarme a mi y a tantos otros “qué se comenta en las aulas”. O en
Llánez, el “seguroso” del Ssitema Informativo de la Televisión Cubana que
siempre pedía informes sobre el estado de opinión de la gente.
Recordaba incluso, la orquesta de “segurosos” que me visitaba en mi casa a
raíz de que yo manifestara públicamente en Cuba mi total desacuerdo con la
política editorial de los medios de comunicación. También las depresiones de
mi madre porque “los segurosos” no me dejaban en paz.
Ahora entiendo; sentí pena por la carta de mi amigo lector. Ese miedo a los
“segurosos” no nos fue conferido por la gracia de Dios. Se nos fue inculcado
desde pequeños para que no intentáramos nunca decir lo que realmente
pensábamos.
Pero amigo mío, esa época, ya la tengo superada. El tiempo es una excelente
medicina que va curando esas heridas. Cuando pases los años sentirás mi
mismo hueco dentro y entenderás para entonces, cuánto tiempo hemos
perdido.

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Acerca de este Blog

Pedro Pablo Álvarez Ramos es ex-preso de conciencia de la Primavera Negra de 2003, secretario general del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) y miembro del grupo gestor "Proyecto Varela".

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