El ultimo aldabonazo y los “reclamos” de Silvio Rodriguez.

En: Derechos Humanos

30 Mar 2010

Parece acercarse la hora en que los soldados cubanos tendrán también que decidir si abren fuego contra sus hermanos –como ya ensayaron el pasado año en el ejercicio militar denominado Bastión- o viran sus armas contra quienes se atrevan a impartir esa orden. Nadie se engañe. Hoy se les pide acosar y golpear a unas indefensas mujeres, mañana se les puede ordenar acribillarlas a balazos. Acosar a mujeres que sólo hablan con su silencio; aterrorizar familias en sus hogares; propinar golpizas a quien está indefenso en una celda no es de personas decentes. Justificar esas acciones haciendo piruetas verbales para preservar privilegios y esquivar la represión es de cobardes.



El último aldabonazo.

Juan Antonio Blanco.

Una turba armada con palos y barras de acero rodeó la humilde casa de familia y vociferó la amenaza de matar a todos sus residentes.  Golpeaban puertas y ventanas y se esforzaban en romper el cerrojo de la entrada. Dentro, las mujeres trataban de asegurar que no les sucediera nada a los niños, mientras el único hombre –Luis Miguel Sigler- se disponía a inmolarse en defensa de la prole. Las autoridades nada hicieron por detener aquella salvajada porque ellos mismos la habían alentado, organizado y facilitado. ¿La Noche de los Cristales Rotos en la Alemania nazi? No. Esto ocurrió en Cuba, el pasado 25 de marzo del 2010 en un poblado llamado Pedro Betancourt. Ser judío no es sólo la pertenencia a una religión o grupo étnico; es una condición. Los disidentes cubanos son los judíos del drama que vive la isla. Han sido disminuidos a la categoría oficial de no-personas  y de su integridad física puede disponer, a su libre albedrío, cualquiera que  desee vapulearla.Es hora de que los miembros del Partido Comunista de Cuba, los funcionarios gubernamentales y todos aquellos que se definen como “revolucionarios” recobren la autonomía moral y rompan toda complicidad tácita con un sistema que  los arrastra a infamias propias del fascismo. La alternativa es devenir en cómplices de actos criminales por los que algún día -ya no tan lejano- tendrán que rendir cuentas, cuando menos, ante sus hijos y nietos.Parece acercarse la hora en que los soldados cubanos tendrán también que decidir si abren fuego contra sus hermanos –como ya ensayaron el pasado año en el ejercicio militar denominado Bastión- o viran sus armas contra quienes se atrevan a impartir esa orden. Nadie se engañe. Hoy se les pide acosar y golpear a unas indefensas mujeres, mañana se les puede ordenar acribillarlas a balazos. Acosar a mujeres que sólo hablan con su silencio; aterrorizar familias en sus hogares; propinar golpizas a quien está indefenso en una celda no es de personas decentes. Justificar esas acciones haciendo piruetas verbales para preservar privilegios y esquivar la represión es de cobardes. Cuando no se encuentra el valor para abrazar directamente a las victimas siempre es posible poner fin al colaboracionismo con los victimarios. Me pregunto si hoy los comunistas cubanos están dispuestos a morir por sus ideas -como se ha declarado en miles de proclamas- o sólo a matar por ellas. Si dicen tener el coraje para enfrentar a un invasor extranjero ¿por qué no lo han encontrado aun frente los verdugos nacionales? La cultura de la irresponsabilidad cívica ha tocado fondo en las actuales circunstancias. Los que escogieron el camino de la resistencia o el menos heroico –pero no exento de sacrificios- del exilio antes que colaborar con ese régimen totalitario, demostraron que había otras opciones aunque fuesen costosas. Los disidentes siempre resultan molestos porque demuestran que hay alternativas al colaboracionismo y desnudan la mala conciencia de quienes no se disponen a pagar su precio.  Orlando Zapata Tamayo se acercó a la UJC porque le hicieron creer que esa institución promovía las virtudes ciudadanas que él apreciaba. Creyó en la sinceridad de Fidel Castro cuando expresó que “Revolución es (…) ser tratado y tratar a los demás como seres humanos” como todavía reza el website del Partido Comunista De Cuba.  Este humilde obrero de la construcción nunca fue un oportunista. Lo enviaron a “combatir” las ideas que algunos disidentes exponían en improvisadas tertulias y aprendió a escucharlas. Cuando una de aquellas no-personas fue enviada a la cárcel, Zapata entendió la naturaleza hipócrita, intolerante y represiva del régimen que hasta entonces defendía. Comprendió que no había “batalla de ideas”, sino aniquilamiento de quien expresaba un pensamiento diferente.El joven albañil rehusaba matar o golpear por sus ideales, pero siempre estuvo sinceramente dispuesto a morir por ellos. Quiso entender de ese modo el mandato del himno nacional cuando dice que “morir (no matar) por la Patria es vivir”. Quizás el martirologio de Orlando Zapata Tamayo retire la venda de los ojos a quienes ya no pueden posponer por más tiempo definirse al lado del pueblo o de sus opresores. Es hora de enfrentar su conciencia. Ojalá encuentren la necesaria lucidez y coraje para preservar su dignidad en medio de tanta canallada. Zapata –que supo morir libre y digno en una lúgubre celda- les dio el último aldabonazo.

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Silvio Rodríguez reclama cambios en Cuba y una “revisión de montones de cosas”El artista cubano, tradicional defensor de la revolución de los Castro, presentó el viernes en La Habana su nuevo disco, ‘Segunda Cita’ MAURICIO VICENT – La Habana – 27/03/2010

Vea fragmentos de la rueda de prensa y escuche el tema ‘Demasiado’ en la página digital cubana Cubadebate .Cuba necesita un cambio. Está demandando “a gritos una revisión de montones de cosas, de montones de conceptos, hasta de instituciones”, reconoció en La Habana el cantautor Silvio Rodríguez, uno de los artistas cubanos que con más vehemencia ha defendido siempre la revolución de Fidel Castro. Silvio presentó el viernes Segunda cita, su último disco, que contiene canciones como Sea Señora, cuya letra pide que se haga “libre lo que fue deber” y demanda abiertamente superar “la erre de revolución”. Que se imponga “la evolución”, aclaró el cantante durante una conferencia de prensa. Las palabras de Silvio Rodríguez, como muchas de las letras de su nuevo disco, giraron alrededor de lo que él llamó “el conflicto nacional”, algo así como los problemas, intolerancias y miserias que acogotan a la sociedad cubana y que hoy son centro de muchos debates. El músico se mostró a favor de “reinventar la revolución”, aunque aclaró que ese no es un “concepto nuevo”. “Siempre es una cosa que ha estado vigente, aunque a veces hemos caído en la retórica, a veces nos hemos adormecido”, dijo.El autor de Ojalá y de Rabo de nube fue bastante claro: “La vida nacional, el país pide a gritos una revisión de montones de cosas, de montones de conceptos, hasta instituciones, muchas cosas que hay que revisar en Cuba”. Aseguró que en conversaciones privadas -se supone que con gente de nivel o bien informada- había escuchado “extraoficialmente” que “esas cosas se están revisando”.”Dios quiera que así sea”, aseguró, ante una sala abarrotada, en la institución cultural Casa de las Américas, que irrumpió en aplausos.”Ir al punto naciente de aquella ofensiva”Demasiado, una de las canciones del disco, denuncia: “Demasiada sombra/demasiado sol/para encadenarnos/a una sola forma/y una sola voz”. Y termina lamentando: “Demasiado nunca/ demasiado no/para tantas almas/para tantos sueños/para tanto amor”. Hay más temas que responden a esta filosofía, como Segunda cita, que da título al disco y reclama “ir al punto naciente/de aquella ofensiva/que hundió con un cuño impotente/tanta iniciativa”.El álbum también contiene canciones dedicadas a Violeta Parra o inspiradas en Gabriel García Márquez, y tiene un sonido acústico que recorre el rock, el danzón, el jazz, el bolero o la balada, con el trío formado por Robertico Carcasses (piano), Oliver Valdés (batería y percusión) y Feliciano Arango (contrabajo), como base.Según Rodríguez, por la temática que toca Segunda cita, dedicado al 50º aniversario del triunfo de la revolución, es un disco más “local” que los anteriores y por eso mismo es “más difícil” de entender fuera de la isla. “Justamente las canciones que más hablan de los conflictos nacionales y de la vida de Cuba, son las que han ignorado las primeras críticas internacionales que han tenido”, aseguró.Críticas desde dentroLas críticas de Rodríguez son desde dentro, no tratan de provocar una ruptura. Preguntado por las condenas internacionales recibidas por Cuba tras la muerte del preso político Orlando Zapata durante una huelga de hambre, afirmó que le parecía “muy bien” que “el mundo hable de lo que desee, y también que los cubanos hagamos lo mismo”.”Siempre he defendido que se amplíe el acceso a decir, comentar, criticar, opinar y discutir”, afirmó. No obstante, opinó que se “amplificaban situaciones” y aseguró que seguía teniendo “muchas más razones para creer en la revolución que para creer en sus detractores”.Los comentarios de Rodríguez llegan después de que otro famoso artista cubano, Pablo Milanés, pidiera cambios y acusara al Gobierno de su país por la forma en que trata a los disidentes, durante una gira por España. Tras las declaraciones, el cantante fue criticado duramente en medios digitales oficiales como Cubadebate, y el propio Silvio Rodríguez salió a defenderle con un comentario colgado en esa misma página web: “Si respetan tanto al creador, como dicen, ¿por qué no le respetan que dude y diga lo que piensa? ¿Qué se gana con este cuestionamiento público, que por supuesto sale con la venia de los responsables de este sitio?… No sigamos enredando la pita, que ya está bastante difícil”.

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Acerca de este Blog

Pedro Pablo Álvarez Ramos es ex-preso de conciencia de la Primavera Negra de 2003, secretario general del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) y miembro del grupo gestor "Proyecto Varela".

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