Crece descontento social en Cuba

En: Laborales

29 Oct 2010

A pesar de que la ola de despidos no ha alcanzado la categoría de tsunami que tendrá entre el primer trimestre del año próximo y el 2012 –cuando se completaría el total de aproximadamente 1 millón 200 mil desempleados que, se dice, habrá en toda la Isla–, el descontento social es palpable.



¿Quiénes son los deudores?

Por: Mirian Celaya

Se desvanece. Fotografía de Orlando Luis

Una fuente que no estoy autorizada a citar me asegura que el 30 de octubre de 2010 se retirará a la agencia SEPSA el privilegio en virtud del cual los custodios “azules” –así llamados por el color de su uniforme– venían cobrando un “estímulo” de 48 CUC mensuales (1152 pesos en la mal llamada “moneda nacional”), cantidad que han venido percibiendo desde que les suprimieran  hace unos años otras prerrogativas, como la entrega periódica de efectos de aseo y de alimentos. Como consecuencia de este nuevo recorte que eliminará el único elemento atractivo de la ocupación, muchos de esos uniformados, que trabajan como custodios en los Bancos y en las Casas de Cambio (CADECA), han comenzado a buscar otros horizontes como destino laboral, en un momento en que acceder a un puesto de trabajo en Cuba es igual o más difícil que comerse un pedazo de carne de res (que ya es mucho decir).

A pesar de que la ola de despidos no ha alcanzado la categoría de tsunami que tendrá entre el primer trimestre del año próximo y el 2012 –cuando se completaría el total de aproximadamente 1 millón 200 mil desempleados que, se dice, habrá en toda la Isla–, el descontento social es palpable.

Incertidumbre, irritación  y un discreto, pero sostenido aumento del índice delictivo, son las notas que marcan la Cuba de hoy. Por otra parte, parece existir una especie de consenso popular en cuanto a no solicitar licencias para el ejercicio de trabajos por cuenta propia (paliativo que pretende aplicar el gobierno como alternativa a una crisis de la oferta laboral inédita para el proceso revolucionario) debido a lo excesivo de los impuestos, a la inexistencia de un mercado mayorista proveedor, a la inestabilidad crónica de los abastecimientos y los altos precios del mercado minorista, a la incertidumbre sobre el futuro económico y –de manera particular– a la ausencia de un marco legal de garantías para los inversores, entre otras causas. La experiencia de aquellos que en los años 90 sufrieron infinidad de presiones oficiales y sistemáticas extorsiones por parte del cuerpo de inspectores estatales encargados de “controlar” la calidad de los servicios y la “legalidad y pureza” de los trabajadores por cuenta propia, desestimula el interés de la gente en arriesgar sus fondos –generalmente exiguos o muy limitados– en un lance tan incierto y donde el que invierte el capital es el elemento más indefenso del sistema: el cubano común.

La empleada de una oficina pública se quejaba en días pasados por la reciente pérdida del trabajo de su esposo y aseguraba que, por esa causa, dejaría de pagar el refrigerador chino que les habían entregado a cambio del viejo equipo ruso que tenían en casa, cuando poco más de tres o cuatro años atrás en el sultanato tropical se tomó la excéntrica decisión de imitar aquella vieja historia de Las mil y una noches árabes en la que se cambiaban lámparas viejas por nuevas, aunque con un sentido más práctico en el caso árabe. “No puedo darme el lujo de descontar ni un centavo de mi salario” –se lamentaba  la mujer– ; y añadió: “Si me lo empiezan a descontar a mí, dejo yo también de trabajar y ese mismo refrigerador me servirá para la venta de durofrío”.

Lo que trae a colación otro pequeño detalle, olvidado por todos en medio del oleaje de esta tempestad: hasta hace relativamente poco tiempo la prensa cubana publicaba con cierta periodicidad articulillos acerca de la enorme deuda de la población con el Estado debido a los atrasos en los pagos de los artículos electrodomésticos –principalmente refrigeradores chinos de bajo costo, en sustitución de los viejos equipos norteamericanos de antes de 1959, y de los soviéticos de los años 70 y 80– que fueron distribuidos masivamente al calor de la llamada “revolución energética”  por idea de… Bueno, todos sabemos a quién se le podría ocurrir tamaña idea. En fin, que los periódicos divulgaban gráficos que reflejaban la marcha de dichos pagos, por provincias y por municipios, e incluso, la evolución en el cumplimiento de tales débitos se erigió en uno de los indicadores a tener en cuenta a la hora de otorgar a las provincias la condición de “vanguardia” o “destacada” en la emulación por la sede del acto central por el 26 de julio.

Por algunos meses el tema de los impagos fue recurrente en la TV y en la prensa plana, que exhortaban a la población a amortizar aquello que “con tanto esfuerzo y sacrificio había adquirido el Estado en aras del ahorro energético y de elevar el nivel de vida del pueblo”. A fin de presionar a los deudores, las bodegas donde se adquieren los productos de la cartilla de racionamiento exhibían las listas de los “consumidores morosos” que aún no habían comenzado los pagos, se difundía que en los centros de trabajo se descontarían de los salarios de los trabajadores los correspondientes plazos y hasta se sancionaría a los militantes del partido comunista que no hubiesen cumplido regularmente sus pagos.

Ahora, sumergidos en la mayor crisis socioeconómica que recordamos los cubanos, ya no se habla de dicha deuda ni se menciona a los morosos, como si de repente todos los deudores hubiesen liquidado la cuenta pendiente.  ¿O será que, con medio siglo de retraso, los hacendados han descubierto súbitamente que en realidad somos nosotros los acreedores?

Octubre 29 de 2010, Clasificados en sinEVAsion


Pasillos vacíos

Por: Yoanis Sanchez

Diez de la mañana. Por aquellos pasillos, donde hace una semana la gente se amontonaba y conversaba en horario laboral, hoy no transita ni un alma. ¿Qué ha ocurrido en los 17 pisos del Ministerio de la Agricultura para que nadie deambule fuera de las oficinas? La respuesta es sencilla: muchos temen estar en la lista del próximo recorte, de manera que evitan mostrarse fuera de su puesto de trabajo y así parecer prescindibles. Si antes merodeaban por todos lados con los brazos cruzados, la estrategia del momento es parecer ocupados, aunque para ello tengan que quedarse tras el buró durante ocho horas.

La escena no es exagerada. Me la ha contado una amiga que trabaja en una de esas dependencias estatales donde el exceso de personal es un mal crónico. Me explica que tampoco frente al bebedero se ve la larga cola de antaño, pero que ni siquiera eso  los va a salvar del desempleo. La institución les ha anunciado que sólo quedarán los indispensables y ya algunos han sido notificados de su cesantía. Mi amiga entorna los ojos y se ríe. “De seguro no botarán al director, ni al secretario del núcleo del Partido Comunista y mucho menos a la mujer que dirige el sindicato”, concluye con sorna.

Me sorprende la mezcla de temor y de desdén con que los cubanos han tomado la drástica reducción de personal que ya se está implementando. Por un lado, nadie quiere perder su puesto de trabajo, pero por otro hay una sensación de que el paro no puede ser peor que trabajar para el Estado. Cuando le recomiendo a mi amiga que saque una licencia de cuentapropista para forrar botones o hacer percheros, salta de la silla negando con las dos manos. “Si mi nombre está en la próxima lista –afirma– voy a dar un escándalo que se va a oír en la oficina del ministro y en todos los pasillos”. Pero no le creo, como tantos otros prefiere esconderse que reclamar.


Recortes afectan al emblemático sector de salud


Hospital Ameijeiras

By Agence France Press
LA HABANA
Las autoridades cubanas evalúan este jueves recortes de empleos en el emblemático sector de la salud, como parte del plan de eliminación de 500,000 trabajos estatales en seis meses, informó el ministro de Salud Pública (Minsap), Roberto Morales, asegurando que ningún médico será despedido.

Las nuevas nóminas en los centros sanitarios de la isla deben ser diseñadas “como un traje a la medida”, afirmó Morales, miembro del Comité Central del Partido Comunista, al intervenir este jueves en el X Congreso de Trabajadores de la Salud.

El sistema de salud cubano sólo “podrá sostener los indicadores alcanzados hasta hoy si se trabaja con eficiencia y conciencia económica en cada institución”, afirmó.

Sin embargo, “en nuestro país nunca sobrará un médico, ni un estomatólogo ni un tecnólogo”, porque “los que queden disponibles a partir de la plantilla necesaria, tendrán la posibilidad de desempeñarse en otros centros dentro o fuera del país mediante la colaboración médica”, afirmó Morales, citado por la prensa local.

El gobierno de Raúl Castro comenzó en octubre la eliminación de 500,000 empleos, en la primera fase de un plan para eliminar más de un millón que sobran en el Estado (20 por ciento de la fuerza laboral cubana), entre ellos 22,000 sólo en la salud, según datos oficiales.

El congreso del Minsap examina la “reorganización” de ese sector, pilar social de la política cubana junto con la educación, como parte de un intento por reducir “los gastos irracionales” y aumentar la eficiencia económica.

Según estadísticas del Ministerio de Salud Pública, Cuba dispone de 74,880 médicos, 11,572 estomatólogos, 106,436 enfermeras y 133,788 técnicos de la salud, y tiene a más de 37,000 de ellos –la mayoría médicos– en misiones en 77 países, servicios profesionales que constituyen su principal fuente de ingresos.

Cuba sube tarifas eléctricas para grandes consumidores domésticos



El Gobierno cubano anunció hoy un incremento en las tarifas eléctricas para los grandes consumidores del sector residencial a partir del próximo mes de noviembre, lo cual afectará a un 5,6 por ciento de los clientes que reciben ese servicio subsidiado.

La Unión Eléctrica informó de que a los usuarios domésticos que consuman más de 300 kilowatios/hora al mes se les aplicará un incremento progresivo de la tarifa que oscila entre el 15 y el 285 por ciento.

Según la nota, esos clientes tendrán que pagar entre 1.50 y 5.00 pesos cubanos por kilowatios/hora al mes en dependencia del consumo, en vez de los 1.30 pesos fijados hasta ahora.

En el caso de los que menos gastan -hasta 100 kilowatios/hora al mes-, continuarán pagando el precio actual de 9 centavos de peso cubano por kilowatio/hora.

La nota explica que la medida no afectará al 94,4 por ciento de los hogares cubanos, pues los mayores consumidores constituyen hoy el 5,6 por ciento y utilizan un 14,4 por ciento de la electricidad del sector residencial.

Además, señala que “pretende estimular el ahorro y un uso más racional de la electricidad por parte de estos consumidores” y solo reducirá “parte del subsidio a la tarifa eléctrica de la población”.

Las nuevas tarifas comenzarán a aplicarse a partir de la segunda quincena de noviembre y el cobro correspondiente se realizará en enero del próximo año.

La Unión Eléctrica destaca que desde que se modificó por última vez la tarifa eléctrica residencial en noviembre de 2005, el precio promedio del petróleo se incrementó de 56 a 78 dólares el barril y provocó un aumento en los costos de la electricidad y en los subsidios del Estado cubano.

En ese sentido, apunta que el sector estatal ha disminuido su consumo en más de un 10 por ciento respecto al 2009, mientras que “el ritmo en el residencial continúa en ascenso”.

En septiembre pasado el Gobierno también subió los precios de la gasolina y el diesel en porcentajes que oscilan entre el 10 y el 18 por ciento, fijando el litro de gasolina especial en 1,30 CUC (1,40 dólares), y el de la regular en 1,15 CUC (1,24 dólares).

Según datos oficiales, más del 50 por ciento del combustible que se consume en la isla se destina a la generación eléctrica.

Por:EFE

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Acerca de este Blog

Pedro Pablo Álvarez Ramos es ex-preso de conciencia de la Primavera Negra de 2003, secretario general del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) y miembro del grupo gestor "Proyecto Varela".

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