¿Con Dios o con el diablo?

En: Opinión

30 Ago 2010

No se debería acusar a la alta jerarquía de la iglesia católica cubana de poner en práctica el inaceptable método de excarcelación diseñado por el régimen. Si esa fue la condición inapelable para realizar las liberaciones, la jerarquía eclesiástica nacional sólo podía elegir entre renunciar a la gestión o aceptar la propuesta.



¿Con Dios o con el diablo?

Viernes 27 de Agosto de 2010

Reinaldo Escobar, La Habana

El cardenal Jaime Ortega durante una conferencia de prensa en La Habana, el 2 de mayo de 2010, después de que el régimen dejara de hostigar las marchas de las Damas de Blanco. (AP)



La carta al papa Benedicto XVI, en la que un nutrido grupo de opositores cubanos descalifica la acción mediadora del cardenal Jaime Ortega, y las respuestas y comentarios que la misiva ha generado, han puesto de manifiesto la complejidad de las tendencias que afloran en nuestra actualidad política.

No se debería acusar a la alta jerarquía de la iglesia católica cubana de poner en práctica el inaceptable método de excarcelación diseñado por el régimen. Si esa fue la condición inapelable para realizar las liberaciones, la jerarquía eclesiástica nacional sólo podía elegir entre renunciar a la gestión o aceptar la propuesta.

¿Alguien se imagina la escena de Jaime Ortega dando un manotazo en la mesa y diciéndole a Raúl Castro algo así como “si los opositores no se sientan junto a nosotros no tenemos nada de qué conversar”?

¿Cómo serían las críticas al Cardenal si hubiera dado un portazo perdiendo así la oportunidad de sacar del calvario a estos hombres? La culpa, la grandísima culpa de los ensotanados negociadores es servir de puente para que el régimen se quite de encima su más pesado fardo, sin tener que pedir públicas disculpas.

No hay dudas de que la única intención del gobierno cubano al hacer la concesión de excarcelar a sus presos políticos, es “descargar la olla de presión”, pero cabe preguntarse: ¿permitir las pequeñas empresas familiares, eliminar las restricciones migratorias y abrir el acceso a internet, no serían también válvulas de escape? ¿Si mañana los masones, los bautistas o los babalaos arrancaran esas conquistas al gobierno, también merecerían ser calificados de colaboradores de la dictadura? ¿Habrá que alegrarse cuando los represores avivan el fogón?

Es cierto que a los presos políticos que desean quedarse en Cuba se les está dilatando injustificadamente la excarcelación, es innegable la coacción hecha por el régimen para lograr que sus adversarios emigren, pero a nadie le han dicho que si no sale del país tiene que cumplir su condena.

El Cardenal no tiene las llaves de las rejas, ni dirige las oficinas de inmigración, ni otorga las visas para España. Sólo le permitieron poner la cara y la puso. ¿Los presos que aceptan por su propia voluntad viajar a España, están contribuyendo también a aliviar la presión de la caldera? Tengo la sensación de que, entre las líneas de la carta al papa, se pasea la sombra del intransigente espíritu de Baraguá, aunque todavía nadie anuncie cuándo se rompe el corojo.

Debo decir que la carta no me gusta, no la firmaría, pero contribuye al debate y ese es su mérito; tampoco suscribiría la respuesta del obispado ni la de los laicos, porque denotan la arrogante susceptibilidad de quienes no toleran ser criticados. A los presos que ya han salido les deseo de todo corazón que curen sus heridas. Ellos estuvieron más de siete años por mí en una celda y eso no tengo forma de agradecerlo. Si alguno se queda en la Isla, tendrá mi respeto por algo que no sé si yo tendría el valor de hacer.

A los obispos negociadores se les critica haber quedado bien con el diablo, pero me atrevo a creer que no han quedado mal con Dios. Amén.

Enviar Comentarios

    

Acerca de este Blog

Pedro Pablo Álvarez Ramos es ex-preso de conciencia de la Primavera Negra de 2003, secretario general del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) y miembro del grupo gestor "Proyecto Varela".

Damas de Blanco Nobel

Contador